.Corro,juro que corro..
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Metro
Cuando Andrea toma el metro siempre mira a los demás.Andrea es de esas personas que cree que el amor de su vida está ahí, entre toda esa gente.
Yo, Tú, Ella [Part. I]
Recuerdo pocas cosas, porque la verdad es que fue poco tiempo. Tiempo prestado, como siempre. Una tregua demasiado corta, de esas que uno aferra mucho más de lo que debe, con demasiadas fuerzas, con demasiadas partes de cuerpo. Con los dedos, con las manos, con las piernas, con brazos, con mi espalda, mi cabello. Con mis pulmones.
Recuerdo a veces ese gesto de la boca que hacía cuando sonreía. O sus ojeras de las mañanas, que siempre recorría muy despacio con mis dedos, mientras estaba entre despierto y durmiendo. Las veces en que me cargaba en su espalda, o como siempre, siempre me abrazaba cuando se acostaba a mi lado, apoyando su cabeza entre mi cabeza y mi hombro.
Tengo despojos de todo lo que fue para mí, despojos de lo poco que fui para él. Tengo retazos pequeños de lo que ocurrió, retazos secundarios e insignificantes de la historia de ellos, de él con ella. Tengo despojos de mi, de mi pena, de lo que siento, de él, por todo el cuerpo, por todas partes. En todos mis lugares.
Tengo todos los pedazos de dolor acumulados por cada vez que él la abraza, por cada vez que no está, porque sé que está con ella. Tengo todos los restos de mi cuerpo desperdigados en todas partes, por cada vez que simplemente fue demasiado para tolerar, y fueron tantas veces, fue tanta pena que se desbordaba por donde fuese.
Y lo he intentado todo, todo. Pero no sé que pasa, porque nada es suficiente. Nada. Ni las veces que me decepcionó, ni las veces que me hirió o las que dejó de quererme. No basta? No es suficiente acaso? Es demasiado. Ya va siendo demasiado.
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Nueve meses y Tres Días
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-Pero que es lo que te pasa!-exclamó Matías, ya enojado. Había pasado todo el día intentando sonsacarle porqué tenía ese humor de mierda y había intentado ser paciente, pero todo tenía su límite.
Sofía lo miró intentando disimular el rencor que sentía. Cómo no se daba cuenta! La ceguera no tenía límites con él, claramente.
-Te quiero-musitó, cansada.
-Yo también te quiero, pero Sofía...
Sofía soltó una sonrisa no sabía si más triste que sardónica. Movió la cabeza de un lado a otro con incredulidad y se levanto del sillón para ir a recoger sus cosas, dejando a Matías desconcertado.
-Pero vamos..! Qué hice ahora!
Se levantó de un salto y fue hacia ella. La tomó del codo para obligarla a volverse.
-Vamos, me vas a decir ahora mismo que mierda es lo que te pasa!
Sofía se soltó de su mano de un tirón.
-Yo no quiero ser querida, Matias! Ya basta! Llevamos dos años y medio, tengo 33 años! Quererme no es suficiente, yo quiero a mis amigos, a mi tía, a mi abuelo, a todo el mundo quiero! El tiempo se me pasa y estoy cansada, no quiero perderlo, no...
Botó aire. Lo quedó mirando unos segundos, esperando con las últimas esperanzas que tuviiera algo que decirle, pero Matias simplemente se le quedó mirando como si no entendiera. Ya había tenido suficiente.
Se dio vuelta nuevamente y tomó su cartera. Casi corrió la distancia que la separaba de la puerta y no miró ni una sola vez antes de cerrarla tras ella de un solo y limpio portazo.
Mientras caminaba por el pasillo y bajaba las escaleras del edificio no dejó ni por un segundo de esperar vanamente que Matias se apareciera de repente y le dijera que la perdonara, que la amaba, que etcétera. Pero él no apareció.
En los días siguientes no dejó su apartamento ni un sólo segundo, pegada al teléfono, esperando a sabiendas que él no llamaría. Quería darse de cabezasos en la pared por ser tan tonta y por la rabia que tenía repartida en todo el cuerpo. Todo le dolía.
Cuando eventualmente dejó su departamento para ir a trabajar llegaba todos los días compulsivamente a revisar la contestadora, pero a parte de algún mensaje de alguna amiga o de su mamá, no había nada más.
Pasaron cinco meses antes de que pudiera ver de nuevo Nothing Hill sin llorar cuando Julia le decía a Hugh Grant "soy sólo una chica delante de un chico pidiéndole que la ame" y otro más antes de que pudiera escuchar alguna canción de Frank Sinatra. Un día un tipo la invitó a salir y fueron al restaurante donde iban siempre, pero pudo comer y conversar sin ningún tipo de problemas.
Un día, mientras corría por el Parque Balmaceda lo vio caminando solo por Av. Providencia, pero ni sus piernas le fallaron ni el corazón le latió más deprisa o más lento de lo normal.
Habían pasado nueve meses y tres días cuando, mientras gritaba las respuestas a la televisión al ver Quien Quiere Ser Millonario, alguien tocó a su puerta.
Se levantó molesta de que alguien la interrumpiera a esa hora y abrió sin mirar por el visor de la puerta. Llevaba un pijama horrible y el pelo amarrado. La pintura de los ojos seguramente se le habría corrido a esa hora del día. Y en dintel estaba Matias, resoplando como si le faltara el aire, con las manos en las rodillas.
-Ma... Matias?
-Lo he pillado...-respondió él, sin aire-. Lo he entendido Sofi!
Sofía lo miró como si se hubiese vuelto loco.
-El qué?
Matias la miró y se acercó a ella, pero Sofía retrocedió un paso.
-Mira Mati, estoy bien. Han pasado no sé cuantos meses (dijo eso sólo para mostrarle un poco indiferencia, sabía bien que habían pasado nueve meses y tres días) y yo ya te he...
-Sofía, te amo.
Sofía lo miró y sintió que algo se le partía en alguna parte. Le vinieron unas ganas terribles de llorar, pero se las aguantó.
-Pues lo siento, Mati. Yo sólo te quiero.
Entonces cerró la puerta. Fue al sillón, se sentó y subió el volumen de la tele.
confieso
Necesito ser sincera?
Extraño de manera patética las expectativas de nosotros. Y más. Mucho más.
Extraño de manera patética las expectativas de nosotros. Y más. Mucho más.
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Historias de Amor
Yo siempre espero, hasta la última frase, que Santiago Nasar no muera.
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Santiago Nasar
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