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amor. amor. amor. Estoy aquí, no ves?

La Vecina.

María Flores tenía cargas salidas de no sabía donde. Ella tenía un nombre de persona común que camina erguida y muy pulcra por la calle, que se sienta en parques con compañía agradable y que prepara arroz con leche una vez a la semana, pero pasaba triste todo el tiempo. Se cansaba de levantarse y lavar la loza. Se cansaba de levantarse y ver todos los días Buenos Días a Todos, el matinal de Chile. Se cansaba todos los días de sus hijos con nombres tan pulcros y diáfanos como ella. Se cansaba de su casa demasiado grande, demasiado blanca y de sus paredes interminables de limpiar y decorar.

María Flores tenía pesos salidos de no sabía donde, pegoteados todos a su espalda dura de dolores autoimpuestos y de tensiones inventadas. María Flores era la única vecina del barrio que cuando limpiaba los vidrios del segundo piso, lo único que pensaba era en tirarse desde él.

Calle.

La calle Hiroshima siempre fue triste, y fue ese mismo aire a tragedia la que la llevó a vivir allí. En las mañanas nadie se levantaba temprano, quizá porque todos en esa calle se encontraban demasiado cansados y en la tarde siempre se podían escuchar canciones tristes desde todas las ventanas. Ella cooperaba con música de películas aún más tristes que todos ellos y lloraba mientras miraba por la ventana, lloraba mientras lavaba la loza y refregaba mucho los platos, sin importarle que después las manos le quedaran secas y feas. Sus manos, de cualquier forma, secas o con crema, nunca le iban a gustar.

La calle donde vivía se llamaba Hiroshima. Y en ella olía un poco a desastre nuclear, a niños deformes y madres calvas de cáncer y agotamiento. En ella olía profundamente a desamparo y se habían suicidado trece personas. Allí, algún día, ella dejaría de darle vueltas al mundo y se tomaría trece pastillas y una botella de Gin porque el Gin era triste, triste igual que ella. Y cuando su estómago ácido, se llenara de sopor y de embriaguez para siempre, ella se quedaría dormida, junto al teléfono, intentando llamar -tarde- a alguien que supiera como devolverle las ganas de vivir
o las ganas de ser feliz.