El amor y el dolor se van enredando
se entrelazan, uno en torno al otro:
Se clavan en la tierra,
y crean raíces,
se alojan en los pedacitos de nuestro jardín.
Ahí la despedida suena entre ambos,
las palabras en silencio decretan la sentencia.
Los días y los meses y los años que hay
entre nosotros se hacen distancia.
A veces siento como si fuera a vomitar.
Puede pasar cuando estoy muy aburrida, cuando veo 10 capítulos seguidos de una serie, cuando me despierto y son más de las dos de la tarde y cuando me fumo más de 3 cigarros al día en los días en que había resuelto dejarlo.
Abrí la piel.
Fui horadando por músculos y capas, con cuidado.
El cuerpo es frágil.
Susceptible.
Y las complicaciones de llegar al lugar correcto son siempre infinitas.
Los pulmones pueden volverse sólidos de repente, haciendo imposible la respiración. Pueden volverse más aire también, lo que también disminuye la capacidad ventilatoria. Ambos son procesos lentos, que se desarrollan usualmente en años, de manera silenciosa.
No son como el agua.
A veces los pulmones se vuelven agua, de un momento a otro.