Gente.

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Lo bonito de Daniel era que, incluso en los peores momentos, como los lunes por la mañana, la gente del metro en hora pick, el desorden acumulado en su pieza después de llegar del trabajo e incluso en los momentos en el que la ensalada de su almuerzo incluía betarraga o en los que se sentía muy solo, incluso en todos esos momentos, nunca, de verdad nunca dejaba de intentar ser al menos un poquito feliz.


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