Mañanas cualquiera.

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Era su primera marcha.

Se levantó temprano, para llegar a la hora. Eran 55 minutos de viaje hasta Plaza Italia y allí tenía que encontrarse con sus compañeros. Se iban a juntar al frente del Telepizza.

Se vistió con unos jeans y se puso zapatillas, para andar más cómoda. Sacó una polera cualquiera y puso lo esencial en su banano: el pase, el carnet, las llaves de la casa, el mp4. Pensó en ir a la cocina a sacar un limón, pero no lo creyó necesario.

Estaba a punto de irse y escuchó a sus hermanos levantarse. Tenían que ir al colegio y eran muy chicos como para participar de alguna cosa. Cuando iba a cerrar la puerta decidió ser precavida y llevar un limón por si acaso.

Fue hacia la cocina y abrió la puerta.

Sintió un escalofrío.

Su mamá la miraba fijamente, colgada desde una viga, justo arriba de la canasta de los limones.


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2006




Cinco años atrás escribía la palabra "bobadas".




I liked it.

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Nos tomamos un vino.
A mi no me gusta mucho, pero me lo tomé igual porque uno no rechaza algo así. Mientras tomaba, bien despacito pa' que pasara más rápido, encendí unos cuantos cigarros. Unos Philip Morris.
No sé qué cosa era peor.

Pero bueno, la cosa es que nos tomamos el vino, el navegado, que al menos era dulcecito. Tenía un gusto a naranja casi rico, casi. Como tomaba tan despacito, no fue hasta que me agaché para buscar la cartera que me di cuenta que todo me daba vueltas. Me incorporé, miré alrededor y parpadeé desorientada. Te miré, me acuerdo.

-Estoy terrible curá.

Y nos reímos, mucho.

Después me sacaste el cigarro de la boca. No pensé que hubiese nada extraño en eso, pero entonces me diste un beso. Te miré pero no pude enfocarte, así que me paré a penas y me fui sin decir nada.


No volvimos a hablar del tema.
Y después ya no seguimos siendo amigas.


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escenas I

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Magdalena cruzó la calle casi corriendo. La luz verde estaba parpadeando y odiaba ser de esas personas que cruza cuando sabe que no debe, pero estaba atrasada.

Hacia ella se acercaba otra persona igual de apurada y tuvo que esquivarla. Se imaginó chocando contra el hombre mientras los papeles que llevaba en la mano, todos apilados, volaban de ella y se desparramaban por la calle. Alcanzó la vereda pensando en lo demasiado que escenificaba su vida, pero cuando llegó a la otra esquina ya se le había olvidado.

Otro verde parpadeante.

Empezó a correr, tacos y todo, hacia la calle. Alguien de pronto tocó una bocina, miró a la derecha y vio la cara del conductor reflejada en la suya: la iban a atropellar.

Sintió el golpe en sus piernas y en el costado. Chocó contra algo duro, rodó sobre algo y de repente, el suelo.

Abrió un poco los ojos y acercó su mano a su cara, había sangre. Además, algo le dolía en lugares indefinidos... quizá la pierna o el pecho o la cadera...

Bajó la mano y miró hacia arriba.
Un montón de papeles blancos caían alrededor suyo.


Escuchó una ambulancia.
No pudo evitar sonreír.


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la escena.

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Sentí como latía mi corazón. Nunca había latido de esa manera, tan urgente.

Entré a la sala. La luz era fuertemente blanca y me cegó un segundo. Alguien me tendió una de esas mantas azules y me sequé las manos. Luego los guantes, luego la mascarilla, luego algo más... un montón de cosas encima.

Me acerqué intentando dar impresión de seguridad. Creo que no logré engañar a nadie, en todo caso. Habían caras escépticas y otras que me miraban alentándome; me sentí como en un show de talentos por un momento. Era todo o nada, después de todo.

La gente dice que cuando uno muere pasa la vida ante tus ojos, pero se equivoca. Jamás me había sentido más viva. Por un momento tuve ganas de llorar pero entonces fue como si todo calzara en su lugar. Habían pasado once años y tres meses para llegar allí.

Levanté mi mano derecha, hacia el lado.

-Bisturí.


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rituales

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Me encontré con la Daniela el otro día.
Ella me vió primero y como es de esa gente que saluda, me saludó.
Le pregunté como estaba, me dijo que bien.
Yo le dije que estaba bien también.
Ella tenía los ojos llorosos,
yo las muñecas vendadas.

Nos alejamos unos pasos y le dije que nos viéramos pronto.
Me dijo por supuesto.
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Arriba Quemando el Sol.

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[Hay veces en que me duelen los días].

Boto humo muy lento, pero el viento corre fuerte en el piso 14 y no alcanzo a verlo. Me afirmo fuerte de la baranda y cierro los ojos: ya no quiero ver tantas luces prendidas.

Me duelen los pulmones. No sé como pueden dolerme los pulmones, pero lo hacen.
Me duele el hígado.
Me duele lo imposible.

Me duele todo.

Intento pensar en algo lindo, algo alegre que hayamos vivido juntas, pero creo que sólo recuerdo haberte visto mal. Y los abrazos.

No me siento culpable. Todos nos sentimos solos muchas más veces de lo que debiese ser. Todos tenemos un desierto en algún lugar.

No, no me siento culpable.
Pero creo que por primera vez me siento verdaderamente sola.


Gone with the Wind

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Una vez me dijiste que una flor sería buena.
Y nombraste una, pero no puedo acordarme.

Te extraño y creo que después te voy a extrañar más. Pero me empujas.
Hace tiempo.

Y no voy a insistir más.

rebellion, lies.

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A veces me siento demasiado como en 5to básico.
Necesitamos demasiado cariño.
Demasiada atención.

Pero ya no somos niños.


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5 segundos.

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Domingo.
Eso debiese decirlo todo.

Hace un par de años ya que noviembre suele ser el mes salvatorio del año, pero tengo el presentimiento de que ahora no será lo mismo. Es como si lo tuviera escrito en todos mis músculos, siento ganas imperativas de correr.

Sólo correr.


En vez de eso busco algún chocolate en los cajones de mi mamá, de mi hermana, de mi papá. Encuentro una caja y encuentro pastillas. Muchas.

Creo que ni siquiera alcancé a pensarlo un minuto.


Desperté en la ambulancia.


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